Antoni Soler Martorell, un pistoler llorencí (VI)

Antonio Soler Marcos és un escriptor nascut a Màlaga que té publicades 14 novel·les i diversos treballs d’investigació, a més d’esser considerat un expert en la Guerra Civil i els seus prolegòmens. També ha escrit nombrosos guions per al cinema i la televisió i ha col·laborat amb diversos diaris de tirada nacional. Ha rebut cinc premis literaris (entre ells, el Nadal) i les seves obres han estat traduïdes a nou idiomes estrangers. A la seva darrera novel·la “Apóstoles y asesinos”[1] –un llibre d’investigació però contat en forma de novel·la per a què sigui més amè– conta la vida de Salvador Seguí, el Noi del Sucre i l’auge de l’anarquisme abans de la dictadura de Primo de Rivera. En aquest llibre també parla d’Antoni Soler Martorell, el Mallorquí.

Sin título“Desde el primer momento, su mano derecha [parla de Bravo Portillo] es Antonio Soler, un peligroso delincuente sin escrúpulos también conocido como el Mallorquín. En sus memorias futuras, Ángel Pestaña describirá a este individuo como un licenciado en presidios, “chulo y ladrón de oficio, hombre en verdad peligroso por lo cuco y desconfiado”, que ni siquiera se fia de su propia gente, reclutada en los bajos fondos de Barcelona”. (pàg. 174)

“Al caer la noche del 23 de abril, Antonio Soler, Luis Fernández y Octavio Muñoz se presentan en el domicilio de Massoni. Dicen ser policías. (…) De las sombras de un portal surge, tropezando, la silueta de Epifanio Casas, el cuarto miembro de la banda. (…) Massoni no murió. Quedó malherido e incapacitado definitivamente para seguir cumpliendo su oficio de albañil”. (pàg. 175)

“En la calurosa noche del 17 al 18 de julio de aquel año de 1919, se presentaron dos coches [davant el número 274 del carrer Dos de Mayo] con los faros apagados. Dos hombres descienden del primer coche, uno del tercero. Sabemos que los dos primeros son Antonio Soler el Mallorquín y Luis Fernández. (…) En este caso la resistencia de [Pau] Sabater el Tero, fue mayor. (…) Lo condujeron por la carretera de Montcada al Camp de l’Arpa, una esplanada desabrida llena de matojos secos, y allí le dispararon seis veces”. (pàg. 177-179)

“La muerte de Bravo Portillo conmocionó Barcelona. (…) Su banda, de momento capitaneada por Antonio Soler el Mallorquín, se puso en pie de guerra, dispuesta a vengar la muerte de su jefe y proveer de recursos. (…) El Mallorquín se entrevistó con algún miembro de la patronal o con algún representante de la autoridad militar, porque Soler, reunido un par de días después con cuatro o cinco cabecillas de la banda, dejó claro que contaba con el respaldo de la autoridad. Nadie pensó que fuese mentira. La fanfarroneria no era uno de los defectos del Mallorquín”. (pàg. 193)

“…señalando a Soler y su compinche. Lo había reconocido. Gritó: “El Mallorquín!”. Todo se dislocó. Antonio Soler y su acompañante abrieron fuego. Uno de los anarquistas respondió de inmediato. Vidrios rotos, mesas volcadas, los parroquianos por el suelo. Los cinco hombres estaban armados. Todos disparaban” (pàg. 195)

“[El Baró König] encargó el trabajo a su hombre de confianza, Antonio Soler, el Mallorquín. Soler, compañado de dos miembros de la banda, colocó un artefacto explosivo en un lateral de la Capitanía General la noche del 24 de noviembre, una semana después del episodio de Seguí con los representantes de la patronal. No hubo muertos, sólo dos soldados resultaron heridos. (…) La guerra estaba declarada”. (pàg. 198-199)

“Una vez desaparecido Bravo Portillo puede decirse que hubo un periodo de transición en el que se buscaron nuevas fórmulas de ataque y defensa, pues aunque el heredero de la banda estaba designado y su segundo, el depravado Soler el Mallorquín, de momento continuó haciendo las funciones de un perfecto subalterno sin escrúpulos, la Banda de los Sesenta no llegó a tener las penosas excelencias que había alcanzado bajo la batuta del ex policía Portillo”. (Pàg. 213)

“Quizás su primer gran error [del Baró König] es desplazar del primer plano a Antonio Soler [gener de 1920] e ir depositando su confianza en un personaje más ambiguo y menos rotundo que el Mallorquín, un tal Bernat Armengol. Soler era un producto de las alcantarillas más profundas y un gran conocedor de su oficio, el de criminal”. (Pàg. 216)

“La señal más rotunda de que las cosas pintaban mal para König y su banda fue ver al escuálido Antonio Soler por los muelles de Barcelona arrastrando una maleta abultada y embarcando en un buque que partía rumbo a Buenos Aires. El astuto Mallorquín daba por concluida su etapa barcelonesa. Su rastro se pierde en este momento”. (Pàg. 219)

[1] Antonio Soler, Apóstoles y asesinos, Galaxia Gutemberg, 2016

(La fotografia de la portada és d’Antonio Soler Marcos)

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